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La
ría del Eo, la mayor de las rías asturianas, fue clasificada
por el ICONA en 1.988 como zona húmeda de importancia
internacional para las aves acuáticas. Un año después sería
designada por las autoridades españolas como zona de especial
protección para las aves. En 1.991 se contempla ya como espacio
natural protegido y, finalmente, se propone para el proyecto
BIOTOPOS / CORNE / CEE para su inclusión dentro de la Red
Natura 2.000, como sitio de interés, no sólo por las
características ornitológicas aludidas, sino también desde
perspectivas ecológicas, geológicas, botánicas y paisajísticas.
La reserva Natural
parcial de la ría del Eo, comprende una superficie del estuario
dentro de los concejos de Castropol y Vegadeo, cuyos límites
están formados por la Punta de la Espiela, a la altura de la
Punta de la Cruz, en la esquina septentrional, hasta Figueras y
la carretera N-634, que sirve de límite oriental. Esta vía se
debe continuar hasta Vegadeo, desde donde se toma la desviación
hasta Miou y Louteiro, para trazar una línea recta hasta la
localidad lucense de Villafernando, pero sin rebasar la
comunidad gallega. Se ha estimado una longitud aproximada de 12
km. y una superficie total de 14 km2.
Esta ría, drenada por la cuenca
hidrográfica del Eo, tiene una longitud de 14 km hasta la ría de
Abres, lugar donde llega la influencia de las pleamares vivas.
En los primeros 5 km comprendidos entre la desembocadura y
Vegadeo, la traza del valle cambia a SSO-NNE. Las anchuras
tienen una media de 800 m. en el tramo externo y muy variable
(entre 95 y 570 m) en el interior.
Asimismo, desde el borde
costero externo hasta la punta Veloso (norte de la ensenada de
El Torrón), el relleno sedimentario se encuentra flanqueada por
acantilados estuarinos, a cuyo pie se extienden playas de
cantos mal evolucionadas y playas mixtas de cantos, gravas y
arenas, generadas por los oleajes internos al soplar el viento
sobre la superficie del agua durante los períodos cíclicos de
pleamar.
Las aguas que
rellenan el valle fluvial inundado por el mar, excavado durante
la última fase glaciar (máximo hace 18.000 años), alcanzan en
algunos puntos espesores de 64 m. Esta impresionante cifra se
pudo evidenciar durante el anclaje al sustrato rocoso de los
pilares del puente de Los Santos. Esta sedimentación ha
producido la colmatación de la mayor parte del estuario,
apreciándose principalmente en el margen izquierdo de entrada
del río Eo en el estuario y en la
existencia de barras arenosas que definen los espacios
navegables en bajamar, a lo largo del estuario.
Las rías son
ecosistemas muy especiales en los que los organismos están
sometidos a unas condiciones generales muy duras. Por un lado en
la zona intermareal existen grandes fluctuaciones ambientales
pues la ría se llena y vacía de agua salada dos veces al día,
por otro hay que tener en cuenta las aportaciones de agua dulce
del río, lo que crea un gradiente de salinidad que es en la
bocana de 35,5 partes por mil y en la cabecera de 0,5 partes por
mil. Sin embargo son estas condiciones las que permiten una gran
riqueza de vida (biodiversidad) pues a la flora y a la fauna
acuática (peces y algas por ejemplo) se suman otros claramente
terrestres (aves, insectos) y otros adaptados a la alternancia
de condiciones de inmersión emersión (moluscos, crustáceos,
muchas plantas,...).
En los sedimentos
finos (fangos y lodos) queda retenida, además del agua, una gran
cantidad de materia orgánica, cuya descomposición agota el oxígeno disponible y se
produce, a muy pocos centímetros de la superficie una situación
de anóxia (falta de oxígeno). Algunas bacterias viven es estas
condiciones transformando el sulfato de hierro en sulfuro de
hierro, lo que da a los sedimentos ese color negruzco muy
característico y un marcado olor a azufre.
En los ecosistemas
de ría, el fitoplacton (organismos unicelulares que viven en
suspensión del agua) no es muy abundante, debido a la turbidez
de las aguas (materiales aportados por el río, el mar o
removido del fondo por corrientes y mareas) que dejan atravesar
poca luz a su través. Aquellos vegetales que resisten altos
niveles de salinidad forman la comunidad halófila, destacando la
especie Zostera marina que
forma grandes praderías subacuáticas. En la ensenada de Limera,
bajo el nivel de las aguas en bajamar se extiende una de las
praderas más extensas de la costa cantábrica. En la cola de la
ría con ambientes menos salinos (subhalófilos) se aprecian
grandes extensiones de Juncus marítimus
junto a los pueblos de Miou y Louterio.
La fauna de la ría
está representada principalmente por moluscos, anélidos y
crustáceos, con estrategias de adaptación para no ser
arrastrados por el flujo mareal (ostras,
mejillones, almejas,
navajas, cangrejos,...) . Las condiciones de salinidad no hacen
este medio adecuado para anfibios y mamíferos, pudiendo
encontrarse esporádicamente ranas,
sapos, roedores,
turones,
zorros, nutrias, etc. Entre los peces, los hay que ocupan el
estuario de pleamar (sargos,
lubinas, platijas,
lenguados) ,como
zona de paso (anguila,
salmón ,
reo) o que permanentemente la
ocupan (lija, muil).
La ría del Eo, es
fundamental como área de invernada y de paso de aves acuáticas,
observándose a lo largo del año unas 60 especies diferentes,
algunas con poblaciones importantes: patos:
ánade rabudo (+
1000), ánade silbón (+ 2000),
porrón moñudo; limícolas (correlimos,
ostreros, etc,....). |
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Ría del Eo |
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Estuario de la ría |
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correlimos |
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ánade rabudo |
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salmón atlántico |
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ostreros |
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